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  Seguridad vial práctica

LOS ACCIDENTES DE TRÁNSITO Y LA IMPORTANCIA DE DOS SEGUNDOS

Lucas Facello

Introducción

La pérdida de calidad de vida o de la vida misma, constituye una de las peores y no deseadas consecuencias del tránsito moderno.

Más de medio millar de fallecidos y más de cien millones de dólares americanos en atención de lesionados son algunos de los desproporcionados guarismos que arrojan anualmente los accidentes de tránsito en Uruguay, un país con algo más de tres millones de habitantes y medio millón de automóviles.

Esta verdadera epidemia, principal causa de muerte de adolescentes y jóvenes, ha llegado hace algún tiempo y parecería, por su tendencia creciente, que no hay remedio eficaz para su cura.

Día a día los ciudadanos leen, escuchan y asisten a crudas imágenes "en vivo" de accidentes de tránsito, algo que los lleva en primera instancia a la sorpresa, la consternación y al lamento.

Para los directamente implicados y para aquellos que hablan de temas de actualidad, aparece inmediatamente la búsqueda de culpables. Se mencionan palabras como "imprudencia", "alcohol", "velocidad", "adelantamiento incorrecto" y "falta de vigilancia" entre muchas otras.

En una instancia más profunda, irremediablemente surgen una larga serie de soluciones ejemplares abrigando la quimérica esperanza de terminar "ya" con los accidentes de tránsito.

Clasificadas desde hace décadas las mismas pertenecen a las famosas "3 E": Educación, Fiscalización e Ingeniería de Tránsito (en ingles Education, Enforcement & Engineering).

Desde el simple "lomo de burro" hasta el más complejo sistema inteligente de semáforos, los programas educativos de prevención para niños y adolescentes y, el incremento de los valores de infracciones, son algunas de las medidas que se han implementado, o al menos intentado, con ese ansiado fin.

De más está decir que todas y cada una de las soluciones son sumamente válidas pero que tan importante como ellas mismas son dos aspectos: la toma de conciencia del problema y el enfoque sistémico necesario para su aplicación.

Toma de conciencia

Los accidentes son prevenibles, por lo que vale la pena invertir en su solución.

Lamentablemente muchas personas en una lectura simplista, casi "profética", consideran a los "choques" como sucesos fortuitos o azarosos, "destino fatal".

Por el contrario, su estudio nos permite aseverar que derivan de una serie razones bien específicas. Los accidentes no son una casualidad, responden a una causalidad. Causas que están presentes en cualquier situación de peligro, en mayor o menor grado. Por ejemplo: conductor con disminuciones en su estado de conciencia (por alcohol, cansancio u otras), neumáticos desgastados, peatón atravesando una calle con indicación roja del semáforo, etc.

Siendo así no sólo podemos, sino debemos esforzarnos en la prevención, tanto individual como colectivamente (Gobierno, empresas en su sentido más amplio).

Enfoque sistémico

Los accidentes de tránsito son un problema complejo. Las soluciones eficaces son aquellas que toman en cuenta todas las variables sociales, legales y técnicas y, sus múltiples relaciones. De allí la necesidad de un enfoque mutidisciplinario y de aplicación combinada de medidas.

Dentro del enfoque sistémico es imprescindible la participación y aceptación por parte de la Comunidad, aspecto relacionado con la toma de conciencia ya mencionada. Nunca debemos olvidar al tránsito como hecho "social", todos somos actores en la vía pública y es donde debemos entender que "la libertad (de circular) de uno termina donde comienza el del otro".

La importancia de dos segundos

Una aplicación práctica de lo antes citado es una regla de conducción, llamada "de los dos segundos" que evitaría un tipo de accidente muy común, el "choque de atrás" o de alcance.

Es sabido que un número importante de las colisiones urbanas se debe a que el conductor no guarda la debida distancia con el rodado anterior. P.ej: En Montevideo más de la tercera parte.

Este tipo de accidente se relaciona con la distancia de parada, que es el espacio recorrido por el vehículo desde que el conductor percibe el obstáculo y la posición final luego de aplicar los frenos.

Dicha distancia es, a su vez, suma de otras dos: la distancia de percepción - reacción y la de frenado. Esta última es la que se recorre luego de activados los dispositivos de detención del vehículo (pedal de freno).

La primera de las mencionadas, en cambio, es la recorrida desde que se advierte la situación hasta el momento de aplicarlos. El lapso que transcurre entre esos dos instantes se denomina tiempo de reacción. El mismo resulta de un proceso complejo llamado PIEV (Percepción, Intelección, Emoción y Volición). Dependiendo fundamentalmente del conductor sus valores varían entre 0,5 y 4 s, aunque 0,75 s es considerado como normal. Normalidad que se ve afectada por la edad, salud, fatiga, presencia de alcohol y/o drogas en sangre y, el estado emocional.

Durante ese lapso el móvil continua viajando a la velocidad inicial. Es decir, si un vehículo circula a 45 km/h, máxima urbana en Uruguay, desde que el conductor perciba la situación hasta que comience a frenar, el recorrido será nada menos que 9 m, superior al ancho de n}muchas calles.

A fin de evitar la colisión tipo alcance, antes mencionada, las distintas normativas regionales han plasmado de una u otra forma el concepto de "mantener" o "guardar" distancia suficiente, "de seguridad" o "prudente" respecto del que va adelante.

Obviamente conceptos subjetivos los que, aún para aquellos que lo transforman en un valor fijo en metros dependiendo de la velocidad (p.ej. 40 m para 80 km/h), los compromete a la dificultosa tarea de medir un valor preciso desde el puesto de conductor.

Aquí es donde la ingeniería de tránsito "viene en nuestra ayuda" y nos sugiere mantener no una distancia sino un tiempo, mayor que el de reacción antes mencionado. Esto asegura que, en condiciones normales, toda la distancia de frenado se realice libre de obstáculos.

Este método, conocido como la regla de los dos segundos y consiste en:

1. Tomar como referencia un punto fijo al costado de la vía (árbol, señal),

2. Luego que la parte trasera del vehículo precedente pase por dicho lugar, contar dos segundos (diciendo, p. ej. "mil veintiuno, mil veintidós" o se repite "cocodrilo", "cocodrilo" como se recomienda en Francia).

3. Se guarda una distancia segura si el paragolpes delantero de nuestro vehículo llega a la referencia luego de ese lapso. En caso de pavimento resbaladizo o Ud. conduciendo un camión (o el vehículo precedente es una moto) contar 3 o 4 s.

A modo de conclusión

Como actores, integrantes de la sociedad y usuarios del sistema, debemos conocer en su justa valoración los problemas derivados de la circulación, fundamentalmente el de los accidentes de tránsito.

Nos encontramos ante un aumento constante de concentración y actividades de personas, un desmedido e irresponsable uso del automóvil que provoca accidentes de tránsito y disminuye nuestra calidad de vida.

Frente a esta situación, nuestros esfuerzos deben estar dirigidos a una doble acción: toma de conciencia y formulación de acciones coordinadas para solucionarlos.

No es de extrañar que estos conceptos deban abrirse camino con ciertas dificultades pero, como ya lo señaló el pionero Ing. Primo Roda en 1965: "es necesario abordar el espinoso problema del tránsito (..) sin confusiones, sin timidez y, por sobre todo, sin demora".

Referencias Bibliográficas

- Institute of Transportation Engineers,"Transportation and Traffic Engineering Handbook", Washington D.C., 1982. - TABASSO, C., "Fundamentos del Tránsito", Vols. 1 y 2, Buenos Aires, 1995. - RISSO BRUM, Y., "Fundamentos para un tránsito racional", M.T.O.P., Montevideo, febrero 1996. - FACELLO, L., "El uso del automóvil en la circulación urbana y sus consecuencias sobre el medio ambiente", Montevideo, 1995. - Congreso Nacional de Intendentes, "Manual del Conductor", Montevideo, 1993. - Estadísticas Comisión Nacional de Prevención y Control de Accidentes de Tránsito, Ley 16 585, Uruguay. - "Primer estudio epidemiológico nacional de accidentes de tránsito revela que la impericia es principal causa y suprime varios mitos. Dr. L. González y Dr. Vázquez", "Búsqueda", 1996.

 

 
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